domingo, 8 de marzo de 2009

Vendimia


VIRGEN DE LA CARRODILLA
(tonada cuyana)
Hilario Cuadros

Virgen de la Carrodilla,
Patrona de los viñedos.
Esperanza de los hijos
que han nacido junto al cerro.

Los que han hundido el arado
y han cultivado tu suelo,
te piden que los ampares,
Patrona de los viñedos.

ESTRIBILLO

En las viñas de mi tierra
hay un recuerdo querido,
en cada hilera un amor,
en cada surco un suspiro,
en cada hoja una esperanza
y la esperanza en racimos.
Virgen de la Carrodilla,
es todo lo que pedimos.

Ten piedad de aquellos hijos,
los que han clamado a tu cielo,
haz que a ellos se les cumplan
sus más queridos anhelos.

Para ti van estos cantos,
para ti van estos ruegos.
Virgen de la Carrodilla,
Patrona de los Viñedos.


Canta Antonio Tormo:


martes, 3 de marzo de 2009

Villa Gesell


Mi pueblo


Cuando me vine a Villa Gesell un amigo me dijo: "Cuando se elige un lugar donde vivir, se elige también donde morir". Otro me advirtió: "Todo lugar al que uno llega es un territorio a conquistar". Al tiempo estaba escribiendo una serie de notas sobre los orígenes del pueblo y su fundador. Esas notas fueron después capítulos de un libro: El Viejo Gesell.

Para mí era más atractivo, con sus contradicciones, el fundador de este pueblo, el hombre que creó un pueblo en la nada, que la imagen de venerable anciano de barba blanca cuyo retrato adorna reparticiones, escuelas y comercios. Cómo un extranjero venía a difamar al fundador, me criticaron. Encima había incorporado a la crónica el testimonio del sepulturero, antiguo peón de Gesell. Cómo explicar que todo escritor es en cierto modo un extranjero, uno que observa con distancia.

Los lugareños de todo pueblo siempre se cuentan la historia que más les conviene. Quizá porque para seguir viviendo a veces es necesario olvidar. El pionero prefiere la epopeya del afincamiento, siempre más gloriosa, antes que los motivos de un exilio, la derrota que lo empujó a abandonar su lugar de origen. En mi caso, como tantos, no vine sólo huyendo de la ciudad. Vine huyendo de mí.

La población no pasaba los catorce mil habitantes y ya no era la villa idílica de rasgos centroeuropeos donde se rumoreaba el refugio de nazis. En la actualidad la estadística merodea los treinta mil seres. Lejos del mítico pueblito germano, el paisaje no es tampoco el verde ecologista que prometen las campañas municipales de turismo.

El crecimiento de la Villa se cifra en los desprendimientos de los centros urbanos, en las políticas salvajes de entrega, las privatizaciones y la exclusión: aquellos que juntaron una indemnización, unos ahorritos y sus pocas cosas para emprender una utopía clasemediera que terminó en un quiosco, un remis, una changa cada tanto. Hace unos años empezaron a venir otros más acomodados, que no alcanzaban a bancar el country o padecían el síndrome de Blumberg.

Estos recién venidos se instalan en el Barrio Norte o en Mar de las Pampas, no muy lejos. Ellos pueden jugar al golf, equitar y ellas hacer pilates y yoga. Las terapias alternativas sofocan tanto una crisis conyugal como la angustia de vivir lejos de un shopping. Por lo general, todos, quien más, quien menos, se asumen bastante progres, pero a los cetrinos se los mira de lejos. Un sector importante, aunque no se lo quiera ver, gana visibilidad y participación: la comunidad boliviana. Alguien tiene que hacer el trabajo que hacen los bolivianos.

La malediciencia, como en todo infierno grande, es un deporte. Desde el adulterio a los negocios raros, pasando por la violencia doméstica y el choreo, no existe el anonimato y, en la promiscuidad, todos estamos al tanto de todo, pero quién se anima a tirar la primera piedra cuando el poder lo administran media docena de familias que dominan el pueblo entero. Algún crimen entretiene el invierno largo. Pero a nadie preocupan los dos o tres suicidios de estación. Es que un suicidio cuestiona más que un asesinato: impugna.

Si no se pecara tanto las iglesias no contarían con una clientela considerable ni los templos de nuevos cultos se diseminarían en progresión. Los nuevos templos rescatan víctimas de la droga y el alcohol. Pero la represión que imponen a sus fanáticos genera un credo que se parece bastante a la adicción.

Cuando alguna vez escribí que la Villa es una cruza de pueblo del Middle West con San Justo (o Carupá, Merlo, Quilmes ) las fuerzas vivas también se ofendieron. Así como ya no quedan vestigios siquiera de la germanofilia original, tampoco queda demasiado de la izquierda y el hippismo de los 70. La especulación inmobiliaria levantó edificios indiscriminadamente y llegó a plantar torres gemelas en el bosque. Si en la Villa perdura una cierta informalidad indumentaria es más obra del empobrecimiento que de una resistencia anticonsumo.

No obstante, la Villa tiene su lado bueno. Un lado que a los caretas les disgusta: lo que tiene de barrio. Acá se respira, no obstante, una atmósfera solidaria que me recuerda al Mataderos de calles de tierra donde nací y me crié. Siempre hay un vecino dispuesto a dar una mano, a socorrer frente a un aprieto. Vale la pena subrayar este cuerpo a cuerpo que, así como permite la visión en primer plano de las miserias humanas, resalta también las virtudes.

Además, esencial, está el mar. El mar que siempre lo devuelve a uno a su auténtica pequeñez liquidando toda presunción de trascendencia. Hasta hace unos años contaba mi tiempo acá por los libros que llevaba escritos. Ahora ya no me importa esa cuenta. Si algo enseñan la soledad y las sudestadas es a domar la ansiedad y procurar, al menos, conocerse a uno mismo. Que suele ser el sujeto que se tiene más cerca. La palabra es paciencia, una clave que exige el oficio de escribir.

Quizá debo a la paciencia el convencimiento de que aún me falta para juntar todas esas historias que escribí sobre la Villa y su gente y articularlas en una novela coral. Fija que el título será "Mi pueblo".

Pero no quiero apurarme.


GUILLERMO SACCOMANNO

Nota en "Revista Ñ" el 23 de diciembre de 2006
Imagen: Don Carlos Idaho Gesell

domingo, 1 de marzo de 2009

Refranero criollo.


Codicioso y tramposo, los dos al pozo.
Cara de beato y uñas de gato.
La mujer del ciego,¿pá quién se pinta?.
Amor forastero se va ligero.
Amor y risa no dan para camisa.
Cuando el amor es fingido en el aire es conocido.
En tiempo é durazno me río é la pera.
Por el choclo se come el puchero.
Se acabaron lo higos, se acabaron los amigos.
Si no me agarran al trote, menos será galopando.
Pare el carro que hay mucho barro.
Es mejor buscar la fuente que seguir la corriente.
Cuando se agota el pozo se conoce cuánto vale el agua.
Calcule la correntada si es que va a tirarse al agua.
Norte claro y sur oscuro, aguacero seguro.
Piantá, piojito, que te cacha el peine.
Ventajear al ventajero no es pecao para el infierno.
Al que revuelve el mate se la tapa la bombilla.
Las viejas tienen un punto más que el diablo.

Imagen: "Chismosas" de F. Molina Campos

jueves, 26 de febrero de 2009

Gazpacho I


Yo aprendí a hacer gazpacho aquí en Andalucía, de ésta manera: en el vaso de la licuadora pongo tomates, ajo, cebolla, pepino, pimiento verde o rojo, miga de pan (si es del día anterior, mejor), agua, aceite de oliva, un chorrito de vinagre, sal y pimienta, lo licuo todo, si quedó muy espeso le agrego más agua y luego lo cuelo para que quede más fino. Lo coloco en una jarra (preferentemente de vidrio o de metal) por aquello de que se enfría mejor. Se puede servir en vaso o en plato y le pongo encima jamón crudo picadito y huevo duro. Hay quienes lo adornan con pimiento, pepino y cebolla muy picadito, pero eso es a gusto.



Transcribo esta receta de una comentarista del blog “Cocinate”: Graciela.

lunes, 23 de febrero de 2009

Gazpacho



2 tomates medianos
½ morrón rojo
1 zanahoria rallada
2 dientes de ajo
½ pepino
2 cucharadas de aceite de oliva
1 chorro de limón
Sal & pimienta

Procesar todo con minipimer. Servir frío.

domingo, 22 de febrero de 2009

Más Edith Piaf.


"Non, je ne regrette rien" es una canción francesa compuesta en 1956, reconocida por la interpretación realizada por Édith Piaf el 10 de noviembre de 1960. Su letra fue escrita por Michel Vaucaire, su música compuesta por Charles Dumont y su título traduce "No, no me arrepiento de nada"

Non! Rien de rien ...
Non! Je ne regrette rien
Ni le bien qu'on m'a fait
Ni le mal tout ça m'est bien égal!
-
Non! Rien de rien ...
Non! Je ne regrette rien
C'est payé, balayé, oublié
Je me fous du passé!

Avec mes souvenirs
J'ai allumé le feu
Mes chagrins, mes plaisirs
Je n'ai plus besoin d'eux!
-
Balayés les amours
Avec leurs trémolos
Balayés pour toujours
Je repars à zéro ...

Non! Rien de rien ...
Non! Je ne regrette rien
Ni le bien, qu'on m'a fait
Ni le mal, tout ça m'est bien égal!

Non! Rien de rien ...
Non! Je ne regrette rien
Car ma vie, car mes joies
Aujourd'hui, ça commence avec toi!






Con Yves Montand. Se conocen y se produce un flechazo en 1944 en el Moulin Rouge, donde él es un joven cantante de music-hall. Lo inicia en el oficio de cantante y tienen una relación amorosa hasta 1946, en que se separan.
También tuvo romances con Marlon Brando, Charles Aznavour y Georges Moustaki.

Con Jean Cocteau. Se dice que éste fallece el 11 de octubre de 1963, al enterarse de la muerte de Édith que ocurrió el día anterior.


martes, 17 de febrero de 2009

La vie en rose (2007)

Edith Giovanna Gassion nació en una calle parisina el 19 de diciembre de 1915 y abrió los ojos a un mundo de sombras, hostil e inmisericorde. Demasiado pobres para mantenerla, sus padres la fueron dejando al cuidado de sus abuelas. Buena parte de su infancia transcurrió en el burdel que regentaba su abuela paterna, donde recibió el cariño y las atenciones de las prostitutas. Pero su destino parecía estar sentenciado a las pérdidas. Pronto su padre la separó del único ambiente en el que había sido feliz y comenzó para ella una vida ambulante, época en la que se reveló el don de sus cuerdas vocales. Ya la pequeña Edith había descubierto el que sería su medio de vida, primero en las calles, y después en escenarios cada vez más selectos.



Una película dura y conmovedora de Olivier Dahan, que nos cuenta la vida de Edith Piaf; a veces patética, a veces de desmesurada felicidad, pero siempre intensa. Podría decirse de ella que conoció el infierno, pero también tocó el cielo con las manos.


Impresionante Marion Cotillard, excesiva, frágil y mortecina.